14/5/10

¿Querés ser mi amiga?

¿Querés ser mi amiga? ¿Querés jugar conmigo? Cuando sos chiquito el mundo se reduce a las cosas más simples, de hecho todo parece más simple. Incluso las relaciones humanas. Hacerse amigos consta de la simple acción de tan solo preguntarlo. No hace falta ser de tal o cual modo para entenderse entre si o para encajar en grupo alguno. Solo hay que estar predispuesto a jugar y divertirse. ¿Que envidia no!?
Lo recuerdo casi como si fuera una ley "la amistad no se le niega a nadie". Conocerse no era acto previo ni necesario para establecer un vínculo. Se hacían amigos antes de siquiera saber el nombre del otro. Con el tiempo a medida de todo lo que compartían se iban conociendo entre sí. Lo que hacía dichas amistades aún más magnífico era que ninguno conocía de verdad el mundo. Era poco lo que habían vivido, estaban todavía en la etapa de conocerse a si mismos, de formar su personalidad, de aprender a vivir y a convivir. Pero para eso no basta con una ilustre enseñanza en la escuela ni los consejos de mamá y papá. La mejor forma de crecer y aprender es compartiendo aquel proceso con amigos. Porque todos se encuentran en la misma situación, en plena inocencia y asombro, para ellos todo es nuevo y cada nueva experiencia los va marcando, por eso no hay nada mejor que no estar solos en aquel camino lleno de emociones y miedos.
De hecho, no hay otra razón para la entrada en mi vida de una de las personas más increíbles que conocí y que desde los 5 años es aún hoy mi mejor amiga (a la cual siento que le debo mucho de lo que soy, de lo que disfruté, aprendí  y soporté en todos estos años) más que aquella simple pregunta "infantil" que hoy nos resulta cómica e inaudita: ¿Querés ser mi amiga?
Fue esta misma amiga quién hace poco en una caminata por la plaza me dijo con un tono melancólico al mismo tiempo que se le escapaba una leve sonrisa, como si recordara el instante más feliz de su vida: "Es terrible como te das cuenta de que se terminó lo maravilloso de la vida cuando ves una hamaca y no te emociona". Al principió nos dominó la risa, tentadas por tal frase que parecía sacada de vaya a saber donde. Pero a los pocos segundos, ambas nos quedamos en silencio contemplando aquellos juegos precarios que antiguamente solían ser nuestro lugar preferido.
Cuando éramos chicos llorábamos por cualquier cosa. Sin embargo no se trataba sólo de un simple capricho. Lo que los "grandes" no veían era cuanto valor le dábamos a las cosas más pequeñas. También solía ser mucho más fácil sacarnos una sonrisa, perdonar y pedir perdón; con unas pocas palabras, una golosina, una sonrisa sincera y un pucherito cualquier catástrofe podía resolverse en cuestión de segundos. No había responsabilidades, ni obligaciones, ni frustraciones, ni desamores, ni desencantos. Los límites eran  claros y concisos: ser bueno o ser malo.
Lamentablemente nadie encontró el secreto para la eterna juventud y aunque aún hoy lo deseemos con fiel entusiasmo definitivamente el "País de Nunca Jamás" no existe, o al menos Peter Pan decidió negarnos la estadía. Sea cual sea el caso acá estamos, adolescentes, jóvenes, adultos, ancianos..tuvimos y tenemos que crecer. Y a medida que eso sucede nos damos cuenta cuan complicado se volvió el mundo. Porque ¡antes no era así!. 
Al final los más chicos con menos ideologías, estrategias, recursos y conocimiento son los que mejor se desenvuelven socialmente. Ahora no solo tenemos mucho en que pensar, que hacer, que discutir, que resolver..sino que eso no nos deja lugar para compartir, para reír, para ayudar, para disfrutar lo que tenemos porque vivimos pendientes de lo que vamos a tener (y tal vez nunca tengamos, o peor, no nos haga falta). Y lo peor de crecer es el darnos cuenta que somos diferentes, porque al parecer, por más triste que sea, eso complica todo aun más.

11/5/10

¿Habré enloquecido?

Hoy me levanté de bastante mal humor..estaba en el punto clave de mi sueño, a punto de llegar el momento tan esperado, ¡ya casi lo lograba!..y de pronto, ¡chau sueño! ¡Hola realidad! Alguien me despertaba para que cerrara la puerta. ¡Que decepción! ¡No era más que tan solo un sueño!
Es verdad que los sueños pueden ser increibles, ambiguos, bizarros, fantásticos..y lo mejor es que no sólo puede suceder cualquier cosa, y al instante seguido cualquier otra, además nosotros somos capaces de hacer lo que sea, aquello que tal vez nunca nos hayamos animado o algo meramente imposible en la realidad. Pero eh ahí la cuestión, no es la realidad, al menos hasta donde entendemos dicho concepto, es un sueño..producto de nuestra imaginación, de nuestro inconsciente, una fantasía...El punto es que cuando estamos ahí, en pleno sueño no somos capaces de diferenciar eso de la realidad, creemos que lo que estamos viviendo es real. Incluso muchas veces eso nos impide hacer algo sumamente arriesgado o atrevido. Exacto, hasta en nuestros sueños existen, aunque no siempre determinados, ciertos limites. El problema radica en no conocer el margen de la realidad. Y ¿entonces?
Entonces pienso. Medito. Me dejo llevar por las ideas divagantes de esta hora de la mañana y planteo, si no podemos asegurar, descifrar que nos encontramos dentro de un sueño mientras dormimos..¿Qué tan seguros estamos que esta sensación de estar "despierto", de habernos levantado, de transitar el día a día tal como lo concebimos sea realmente la realidad?
Y ¿si esto que llamamos "realidad" no es más que un sueño?..Nadie es consciente de que duerme porque no es posible, hasta donde yo se..visualizarnos nosotros mismos en tal situación siendo conscientes y estando dormidos a la vez, "soñando".  De hecho suena bastante absurdo. Más allá de las valorizaciones científicas de la cuestión, todo podría ser también producto de mi imaginación por ejemplo. Quizás el mundo normal son los sueños y esto una mera ilusión. Y ¿si ya ocurrió el apocalípsis del que tanto se hablan?..y a lo mejor fui la única sobreviviente, por lo tanto en mi plena soledad, desesperada, triste, ¡enloquecí!..por ahí el mundo no es en realidad más que ruinas y soy solo yo, y esta supuesta realidad inexistente es nada más y nada menos que el resultado de mi locura. Pero ¿quién sabe no?..De todos modos supongo, que si ese fuera el caso preferiría nunca saberlo y continuar hasta el final con mi demencia. Como dicen.."soñar no hace mal a nadie"..¿o sí?..