27/8/18

ESA Generación perdida..

El primer teléfono de casa era a rosca. No había forma de no aprenderte los números de memoria y obvio se llamaba a las casas. Corría el año 1996 cuando Papá tuvo el primer celular, sí el famoso ladrillo, era como llevarte el inalámbrico en el bolso. 

Soy de la generación que se crió con Los Simpsons, Chiquititas, Cebollitas, las titas. De la rayuela, la brujita de los colores, el elástico y el juego de la oca. Con el kinder a 1 peso y el cono de Mc.Donalds a 50 centavos. Cuando aprendimos el ABCedario existía la letra "CH", sí era una letra, y en primer grado todavía nos enseñaban a sumar con ábacos. Bailábamos Xuxa en casset y sabemos lo que es dar vuelta la cinta con una lapicera. A fines del primario vino el furor de Britney, las Spice Girls y los Backstreet boys, ¡no podías no tener el CD!.  

Internet surgió también durante el primario y fue parte de mi adolescencia, pero a pasos lentos. Primero tuvimos mail, fuimos dejando la encarta para buscar info en internet y nuestra primera forma de sociabilización online era chatear con extraños en foros grupales tipo terra o uol sinectis, conocimos el ICQ y nos renovamos con el MSN. 
Para llamar la atención había que desconectarse y re conectarse varias veces, y un zumbido decía más que mil palabras. 

Recién en los últimos años del secundario tuvimos nuestra primera "red social": el fotolog. Pero nuestros primeros celulares no tenían internet ni cámara, cuando estabas de vacaciones tenías que ir a un cyber para hablar con tus amigos o subir fotos. 
Después del colegio algunos nos fuimos haciendo FB, pero era para probar algo distinto, con desconfianza e incógnita. 
No todos tenían y la gente grande no estaba ahí. Y ahora soy parte de la gente grande que sigue usándolo..

¡Soy flogger desde la época del rollo!. 
Probablemente soy de las pocas personas que todavía imprime las fotos y tiene porta-retratos por doquier, pero son mil los momentos que ameritan el recuerdo, y antes era así, en PAPEL. 

Cuando éramos chicos, ver álbumes de fotos era un ritual grupal, un acontecimiento plagado de anécdotas y risas. Porque había que esperar a que termine el evento/viaje para llevar el rollo a revelar a la casa de fotografía, para esperar que en un par de días estuvieran listas esas 24 o 36 fotos que valían oro. Rezar para no encontrarte con alguna velada, borrosa o en la que saliste con los ojos cerrados. 

Sacarte UNA foto no era un instante más de una seguidilla de mil fotos del mismo lugar y momento, ¡era una ODISEA!. Asegurarte estar en el lugar correcto, mirando al lado correcto, sin pelos en la cara, que el sol no te encandilara; no había lugar para el error, no había chance de cerrar los ojos y había que sonreír media hora mientras el que sacaba la foto (una selfie era impensado sacrilegio) tenía que asegurarse de que estuvieran todos listos, sin cortar ningún extremo. Porque ESA foto, era la ÚNICA toma. La cuál apenas podías ver  con un ojo desde un pequeño cuadradito. 

A mediados del secundario apareció la cámara digital, ¡bendita ella era!. Fácil de transportar, de ver y la posibilidad de sacar todas las fotos que quisieras del mismo momento y lugar sin que se gastara el rollo, y algo aún más increíble: ¡podías verlas al instante en la pantalla de tu cámara! y por supuesto pasarlas vía mail o ponerla de perfil del MSNY ahora, los celulares lo hacen todo y más..

Soy de la generación en que no había un Havana en cada esquina de Buenos Aires, eran los alfajores que te traían de Mar del Plata. 
Soy del Tamagochi, de los primeros dibujos animados japonenes como Super-Campeones y Sailor Moon. Vi nacer el canal Magic Kids.  Soy de los que alquilábamos películas en VHS y hacíamos pijamas party. Mi fiesta de 15 está grabada en VHS. 

Soy de una adolescencia donde no tenías la posibilidad de publicar tus cagadas ni las ajenas, o de hacer ciberbullying. Cuando no sabías en que andaban ni que opinaban de las temáticas más polémicas; las mamás de tus amigos, tus vecinos, tu profesor, tu ex, y la ex del ex de tu amiga.. No sé si éramos más reservados, simplemente no se podía o aún no estaba de moda. 

Compartías tus opiniones más fuertes y discutías con las personas que te conocían cara a cara y solías ver. Todo tiene sus ventajas y desventajas, no digo que este mal o este bien, simplemente que pertenezco a ESA generación. Esa que de a poco se fue adaptando o des-adaptando, y también ahora publicamos nuestra vida, porque pasa por ahí; por lo que decimos y mostramos, y por lo que elegimos no decir o no mostrar.   


Pero tenemos el placer de haber estado del otro lado, de saber lo que se siente la privacidad, el anonimato. De haber salido con gente de la cual no hay registro público. De haber estado en lugares (donde debiéramos o no estar) sin que nada ni nadie nos delate, de no saber que el amigo del primo del vecino de mi amiga de la playa, resulta que conoce a mi hermano. De que no todos sepan lo que pienso o lo que hago, y del placer que nos producía en ese entonces vivir sin publicarlo.