17/2/20

¿Cómo estar en el estado de NO ESTAR?..

Me gusta escribir casi tanto como actuar, y parte de mi forma de internalizar el aprendizaje es fusionar ambos e intentar transmitirlo aunque sea de forma aproximada con palabras; aunque resulta imposible describir las sensaciones del Método Strasberg, o cualquier forma de actuación, no queda otra que transitarlo. Y a mi me encanta transitarlo y seguir experimentando distintas personalidades, por eso me sumé a otro seminario intensivo de Artemisa Producciones. Esta vez me propuse encontrar un personaje totalmente distinto, un material que nunca haya trabajado, pero que además de ser ajeno me presentara un problema como actriz, que me incomodara. 
Para esto primero pensé en alguna problemática en particular, luego de explorar varias cuestiones, intercambiando ideas y sugerencias del director me decidí por trabajar el “autismo”. Y partiendo de ahí recién definir qué personaje puntual. Finalmente elegí una escena de la película Rain Man, y otra de la serie Atypical; a fin de interpretar dos personajes muy distintos ya desde su historia, sus relaciones, su edad e incluso el tipo de autismo que padecen.
Para llevar a cabo estos personajes es necesario tratar de entender su psicología, analizar y detenerse en sus movimientos, sus reacciones, para lo cual comencé a indagar e investigar sobre el autismo. Leí sobre distintos niveles y síntomas, entendiendo que se trata de una alteración del desarrollo de carácter neuro-evolutivo que afecta los procesos de conocimiento y las competencias, especialmente las capacidades de comunicarse socialmente. También ví videos y testimonios de padres de autistas y psicólogos, para entender en sí las posibles causas, sensaciones, experiencias, y como es el mundo que lo rodea, qué efectos tiene en el autista, y él hacia su entorno.
Me quedé con las palabras de una madre cuando se dio cuenta que su hijo estaba “ausente” y describió al autismo como el “estado del NO ESTAR”. Esto me llevó a pensar en una fuerte soledad interna, el estar rodeado de gente, de imágenes y ruidos, pero que no significan nada, que no entendemos. Me generó tristeza, un poco de miedo, y a la vez mayor incertidumbre como actriz, de cómo podría alcanzar y representar ese vacío interno en la mirada, en la voz. 
Al compartir mi idea con mis compañeros de seminario, una de las actrices que es además psicóloga me recomendó leer sobre la "Teoría de la Mente", la cual explica la habilidad de interpretar al otro, comprender que es distinto, que tiene otros gustos, otra perspectiva, otra información. Siendo esto una de las principales falencias del autismo: la incapacidad de “pensar al otro”. Desde la dificultad de expresar y entender sus propias emociones y comportamientos, y por ende el de los demás. 

En el caso de Rain Man, Raymond tiene un autismo más severo, evade todo tipo de contacto visual y no tiene capacidad de crear vínculos emocionales con nadie. Entre sus peculiaridades se destaca su manía por mirar el reloj, siempre pendiente de sus costumbres horarias, y su TOC de acomodar cosas en línea (por ejemplo los aderezos en la cafetería), una obsesión del orden donde encuentra cierta estabilidad. Mientras Sam, el protagonista de Atypical, es un adolescente con un autismo moderado, le afecta a su comunicación social cotidiana y a sus intereses, de carácter restringido y repetitivo. Pero tiene altas funcionalidades: un lenguaje más fluido, contacto visual, y si bien no las comprende y debe aprender ciertas conductas que para cualquier otra persona resultan naturales, con terapia logra desarrollar ciertos vínculos emocionales y superar sus propios retos. 
Por otro lado, se me ocurrió preguntarme: ¿Qué sueña una persona autista?. Obviamente no encontré una respuesta, pero me imaginé soñando: recuerdos como imágenes gigantes repetitivas en cámara lenta. Dado que la repetición es en general un constante en la vida del autista, relacionado con la necesidad de generar hábitos que lo hacen sentir más seguro. Mientras toda ruptura a su rutina lo altera. Y a su vez la enormidad de las imágenes como contraste de lo pequeño e indefenso de sí mismo en un mundo enorme e incomprensible. 

En el seminario indagamos sobre la previa para afectar al instrumento antes de filmar la escena. Comencé concentrando la mirada en un punto perdido pero fijo, intentando imaginar ese estado de ausencia, y realizando movimientos para adelante y para atrás. Para llegar a una energía que pudiera acercarse a la de un autista, el director me fue guiando con ejercicios posibles; la primer indicación fue cerrar la boca e intentar pedir ayuda sin poder hablar. Una vez alcancé la desesperación, me sugirió repetir constante y eufórica alguna frase del personaje. Empecé a decir: “QUIERO PANQUEQUES" sin parar, en esa reiteración y desespero lo sentía como un deseo absoluto, hasta que alcancé un estado aproximado a un ataque. Y desde ahí, fui bajando la intensidad hasta encontrar un estado natural desde donde salieran las palabras, la voz del personaje.

En la clase siguiente lo construimos desde la tensión en el cuerpo, apretando fuerte mis puños entre sí y brazos al cuerpo. Así el director me pidió realizar una supuesta caminata del personaje al subte, acompañado de su acelere por llegar a tiempo, su mirada y su "interacción" con los otros pasajeros.
Por supuesto, habría que ser Dustin Hoffman para alcanzar ESE nivel de actuación y detalle. Pero justamente este tipo de seminarios es ideal para arriesgarnos, jugar, equivocarnos, porque no se trata de un casting, donde es más probable quedar en un papel que nos resulte cómodo, familiar; si no en continuar desafiándonos para aprender algo nuevo de nuestro propio instrumento.

14/2/20

¿Alguién sabe qué es el amor?..

Cuando era soltera, y sobre todo de chica, le daba muchísima bola a San Valentín, justamente porque no tenía con quién compartirlo o estaba pensando en quién me gustaría y no podía. Y ahora prácticamente me olvido que existe, quizás en gran parte porque una de mis amigas cumple en la misma fecha y festejamos su día. Pero también con el tiempo dejé darle entidad a ciertas cosas (a ciertas, no a todas). Dejé de contar en números, fechas, y comencé a contar en momentos, risas y aventuras compartidas. 

Después de varios años lo importante pasa por otro lado y probablemente hay muchas más razones para festejar y brindar cuando lo sentimos, y si San Valentín toca un día de semana y estamos cansados, simplemente poder tirarnos a dormir sin reprocharnos nada. El tiempo y la confianza a veces puede sentirse rutinario, pero a la vez le quita presión a este tipo de llamemosle condicionamientos o tradiciones sociales, y da lugar a encontrar otras formas de seguirse divirtiendo y sorprendiendo, nuestras propias formas y momentos.

A veces es cuestión de aprovechar a reflexionar, a celebrarse y sentirse a uno mismo y sus circunstancias. Yo por ejemplo hoy elegí destacar a mis viejos, porque llevan 37 años de casados, y son realmente la pareja más aventurera, linda y fuerte que conozco. Probablemente por eso creo en el amor incluso cuando como a todos alguna vez fui dejada, lastimada, desilusionada o incomprendida. Pero aprendí mucho de ellos; la constancia, la honestidad, a ser compañero, a vivir los logros, alegrías y dolores del otro como propios, a dar lo mejor de uno y no perder nuestra individualidad, para apoyar e incentivar al otro a dar lo mejor de sí y así crecer juntos. Especialmente me inculcaron a ser yo misma, por lo cual hay mucho en lo que me parezco a ellos e intento replicar, y también formas y opiniones que tal vez no compartamos para nada. RESPETO, eso me inculcaron por encima de todo, respeto por el otro y en especial por mi misma. 

Y en este día de los enamorados esto sentí, ganas de reconocer y agradecer a dos personas que amo, y se aman, a mi familia, porque probablemente todo lo que hoy tengo y gran parte de quién soy es gracias a ellos. Esto no significa "a imagen y semejanza", al contrario significa poder ser quién soy, con virtudes y defectos heredados, y los propios que fui incorporando en mi camino. Y para mi esto es amor.