14/8/11

Bailar al filo del precipicio

Lo bueno de perder lo que uno más quiere es cuando se da cuenta que ya no tiene nada más que perder. Si esto no es optimismo entonces díganme ¿qué es? Se puede vivir sin miedo, sin más desilusiones porque de a poco las ilusiones que restan se van desvaneciendo. Se puede bailar al filo del precipicio, la caída jamás podría doler tanto. Siempre supe que no se puede tener todo, aunque por un buen momento creí que lo tenía. Ahora vuelvo al impulso, a los riegos, al dejar ser y dejarse llevar. En realidad no estoy segura de cuál sea mi objetivo, de hecho hace rato no estoy segura de muchas cosas. Quizás mi objetivo no cambió pero se torno al parecer imposible, o tal vez ante su imposibilidad lo alteré de modo irracional. ¿Quién sabe? De lo único que estoy casi segura es de lo que no quiero y principalmente no quiero sufrir más.Y ahora me juego todo aunque sea por nada, total, como dije, ya no tengo nada que perder. Porque todo lo que valía la pena ya lo perdí o más bien se perdió solo. Todavía no entiendo muy bien lo que pasó. Ahora solo me quedan esos malos hábitos de la ansiedad, el impulso y el orgullo que son tan volátiles como peligrosos consejeros. Siempre fui del tipo que se dejan guiar por sus pasiones y no escuchan mucho a su cabeza. De pronto experimento una nueva estrategia en la que mi cabeza toma el control pero de una forma aun más retorcida que las de la pasión.
Todo lo que hago tiene un único porque que se mantiene intacto en lo más profundo de mi ser. Lo que digo, lo que no digo, lo que escondo, lo que demuestro, lo que hago bien y lo que hago mal. Cuando me fui de viaje a NY, (a la ciudad del todo se puede, del olvido, de los sueños) y ni bien volví tuve la misma inquietud que aun mantengo. Y es que no se si en realidad intento encontrarme o si deseo inconscientemente perderme por completo. Sea cual sea el caso el resultado parece ser el mismo. Es un intento desesperado, con picos de adrenalina y severas caídas libres. Mi mente, mi cuerpo y mi alma se encuentran en una batalla constante. Las armas de defensa se funden con las de ataque. Las lineas, los puntos incluso los paréntesis se vuelven difusos. 
Como dije al principio no se puede tener todo. Pero lo que se tiene cobra un sabor más intenso, más radiante, hasta quizás más propio porque nadie estuvo ahí realmente para apoyarnos, para entenderlo, para festejarlo. Ese logro se convierte en EL logro. Un sueño que se transforma en EL sueño. Como la noticia de actuar uno de los papeles principales en la obra de fin de año, que como si fuera poco, si todo sale bien aspira a convertirse en espectáculo. Esta fue una de las mejores cosas que me pasó en este último tiempo, sin dudas, la que más me atrapó. Me emociona como hace rato nada lo hace, me mantiene activa, me revitaliza. El teatro es hoy mi cable a tierra. Y aunque el cable había entrado en cortocircuito, nada mejor que el arte para recobrar mi centro. Lástima que hoy sea la ficción lo más real y sincero que tengo para mí. Y es por eso que necesito bailar al filo del precipicio para poder volverme a sentir viva.. 




"..vivir eternamente entre el miedo y la pasión, el instinto y la razón,
 entre la perseverancia y la cruel resignación"

1 comentario:

  1. No sé qué habrá sido eso tan grave que te pasó y que te hace decir que no tenés nada que perder... pero sí sé lo valiosa que sos como persona, como "escritora" y como artista (por lo que leo acá) así que nada puede ser taaaannnn terrible! Lo primero que tenés que saber, entonces, es que sos un bombonazo por donde se lo mire...
    Por otra parte, tener claro que las cosas que dejan huellas en la vida son las que nos hacen experimentar grandes placeres o grandes dolores. Cualquiera de las dos opciones es siempre preferible antes que el vacío.
    Un abrazo, hermosa!

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