Cuando sos chico decís todo sin anestesia, sin filtro. De pequeños somos incapaces de comprender las consecuencias de lo que expresamos por lo cual sin intención de herir somos completamente sinceros..pensamos o sentimos algo y no damos lugar a reflexión alguna..lo escupimos, así como viene..¡te guste o no! Con el tiempo, "maduramos" y aprendemos a equilibrar nuestra sinceridad y nuestros impulsos, algunos más, algunos menos. Pero somos más cautelosos con la verdad..la disfrazamos, la decoramos, la alteramos y a veces hasta la omitimos..probablemente para no lastimar a alguien o no perjudicarnos a nosotros mismos, pero no necesariamente me refiero a lo opuesto a la verdad, es decir: LA mentira, o modificar la realidad completamente o evitarla para no dañar..sino que callamos muchas cosas por el simple miedo de decirlas. Le tememos no a consecuencias caóticas o atroces...sino a una simple respuesta o un gesto que quizás nos descoloque y no sea exactamente lo que hubiéramos esperado.
Muchas veces me remito a la niñez, no porque me rehusé a crecer y no disfrute de mi juventud o no quiera convertirme en una mejor mujer cada día. Al contrario, remonto las épocas en que eramos chiquitos e ingenuos, para reivindicar algo que aveces quiero rescatar y a la vez darme cuenta de los errores de la adultez. De chiquita solía ser toda una aventurera, valiente y arriesgada. No digo que aquel espíritu no continúe vigente en mi esencia. Sin embargo cuando uno crece así como pierde un poco la inocencia y sobretodo aquella tierna ingenuidad, resulta que no "pierde el miedo" como suelen decir. Se le pierde el miedo sí a los fantasmas tal vez, al hombre de la bolsa, a las sombras, a "los grandes" entre otras cosas. Pero irónicamente viejas costumbres que nos eran naturales y comunes se convierten en nuevos miedos. Como dije antes..el miedo a decir la verdad, de expresar todo eso que sentimos y tenemos dentro nuestro listo para ser dicho.
¡Estamos ahí!...son sólo unas pocas palabras, y típico lo retenemos un instante, lo saboreamos, sentimos aproximarse el placer de sacárnoslo de encima..y otro amague, lo tragamos nuevamente, pero va quedando atragantado en nuestra garganta muriéndose de ganas por salir. ¡Eso es lo que critico! y por lo cual admiro a los más chicos, porque yo misma algún día fui capaz de decirle exactamente todo lo que sentía, deseaba y quería a cualquier persona sin ese bendito filtro que ahora me obliga a analizar la situación cautelosamente recomendándome que espere..¡justo a mi que tanto me gusta esperar!!..
