17/5/25

Confesión de una mamá poco ortodoxa..

Hace unos días fuimos con un grupo de mamás del colegio de mi hija a ver un stand up para mamis..y una frase que me quedó resonando, "tener hijos es la pérdida de libertad más grande, pero el amor más incondicional"..

Desde chica mis tres pasiones son actuar, escribir y recorrer historias (viajar).. me hacen sentir feliz y realizada, y a la vez en todas me pierdo y me encuentro nuevamente. Así me describí en este blog..y la verdad es que hace 4 años prácticamente ya no hago ninguna, algunos viajes cortos quizás, algunas notas de instagram, y unas cuantas actuaciones dentro de casa..

Hace 4 años embarqué el proyecto y desafío más grande de mi vida, un deseo que siempre tuve y llego la hora tan esperada, el de ser mamá. Transitando los primeros meses en la privacidad de la pareja, compartiendo la hermosa noticia con la familia al reencontrarnos luego de meses de aislamiento. Viviendo el embarazo en pandemia, con sus pros y sus contras. Acudiendo a todas las ecografías, chequeeos, análisis sola porque no podíamos ir acompañados, y haciendo cursos pre parto online. Disfrutando y aprovechando los primeros meses de mi pequeña ambos en casa gracias al full home office de la época. 

Y tuve la pequeña más dulce, loca, inquieta, vivaracha y divertida que podría haber imaginado. Y resaltando en particular lo inquieta y loca, no la cambiaría por nada. Alguna de sus actitudes, o la forma en que las manejé, podría ser.

¿Por qué deje de actuar o escribir?..no es culpa de mi hija por supuesto, es mía. De como encaré mi maternidad, para bien o para mal. Ella es mi prioridad principal siempre, de eso no me arrepiento ni disculpo. Pero en la dinámica familiar, la vorágine del día, no teniendo la familia a mano en la ciudad, y en parte nuestros miedos, estilo, algo de paranoia y culpa tal vez, y no dejarla al cuidado de otros (más allá del jardín), me restringí mi propio tiempo y entré en mi propio círculo vicioso, donde una "pausa" post pandemia y primera etapa con una bebe se postergó más de lo planeado. Y ahora, después de esa extensa pausa, llegué a un punto que necesito re conectarme con esa parte de mí, con mis pasiones, encontrar mi tiempo, mi espacio, mi lugar. Porque mi cabeza y mi cuerpo lo piden a gritos.  Y me pareció una buena idea empezar aunque sea de la forma más sencilla, poniendo lo que siento en palabras, bajarlo a tierra antes de poder ejecutarlo..

A veces me siento desconectada de todo y de todos...estoy en un mismo lugar, hablando el mismo idioma, pero mi cabeza está en otro lado, mi mente vuela, se esfuerza por seguir el hilo, por participar pero no siempre lo logra. Me encuentro analizando mis gestos y reacciones para que nadie descubra que probablemente estoy en Narnia. Me pasa con amigos, y con otras madres también. A veces me cuesta disfrutar una juntada, y otras me río tanto que no puedo creer lo bien que la estoy pasando, hasta me olvido que soy mamá. Lo escribo y se que suena horrible, y seguro si alguien me lee me estará juzgando. Pero lo digo en una forma inocente, en el sentido que estoy ahí siendo yo, y nada más, disfrutando el momento sin interrupciones ni estar pendiente de nadie más, y por un rato es TAN necesario. Estoy segura que otras madres saben perfecto de lo hablo, de todos modos, tampoco busco aceptación ni escribo en representación de ninguna tribu, como siempre, escribo por y para mí.

Por momentos siento dos seres que habitan en mi, y me resulta difícil asociarlos, lograr que convivan, entender que soy la misma y de alguna forma exteriorizarlo, hacerlo notar, vivirlo.

Por un lado soy mamá, 24/7, presencia y dedicación full, siempre tengo tiempo para ella; jardín, plaza, tarde con amiguitos, actividades del colegio para la familia, armo planes y paseos para ella, tareas del jardín, bailo, canto, juego a las muñecas, princesas, a los monstruos, piratas, leo cuentos, invento, cuento historias, escucho historias, salto, me escondo, se esconde, repetimos cada juego una y otra vez al infinito punto rojo. A veces lo hago con toda la energía y me divierto también, y otras veces me canso, o ya vengo cansada. Disfruto poder estar, acompañarla, y en especial verla disfrutar, crecer y vincularse con los demás, ver el mundo a través de sus ojos y recargarme con sus risas. Por momentos me siento la "madre del milenio", lejos de serlo obvio, y jamás daría consejos de crianza. Re conociendo mis errores, mis fallas, cuando me enojo o me exaspero por demás, o cuando la consiento en exceso, pero siempre estoy. Y sigo aprendiendo con ella y en este mundo moderno que nos toca ser padres deconstruidos, acudiendo a una crianza respetuosa, hasta que brindar opciones no resulta suficiente, no entienden de razones, y se nos acaban las ideas creativas. Y caemos en viejos patrones; extorción, gritos, amenazas, que debo admitir a veces resultan más eficientes. 

Al final del día, me encuentro negociando con una pequeña terrorista. Y termino agotada y muchas veces de mal humor. Pero se que es parte de criar un ser que está aprendiendo sobre sí mismo, aprendiendo a manejar sus emociones, a entenderlas, a saber de que tratan a la vez que descubre el mundo que la rodea, un ser del que tenemos completa responsabilidad y obligación. Esa personita que saca LO MEJOR y LO PEOR de mí. Y que no tiene mi corazón en sus manos, es una extensión del mío. Y para mi, ser su mamá es el laburo más lindo y gratificante, pero por supuesto no es fácil, menos si sacrificamos parte de quién somos. Si bien por supuesto descubrimos otra faceta nuestra también, desarrollando y poniendo a prueba nuevas habilidades y cualidades.

Por un lado, soy mi versión más dulce, nunca antes vista, ni les digo la paciencia (algo por lo que nunca me caractericé), y a la vez me vuelvo vulnerable, siento miedos que nunca antes había experimentado. Me volví más cautelosa, analizo cada situación, los espacios, los riesgos, no tomo riesgos innecesarios (antes era todo lo contrario). Hoy, la vida de la persona que más amo depende de mí. Y a la vez, soy más cuidadosa conmigo misma, justamente por la misma razón. Y pensar que hace años atrás andaba de mochilera con mi mejor amiga haciendo dedo confiando en cualquier extraño que nos lleven al pueblo siguiente, acampando en todos lados, incluso a la intemperie del salar más grande del mundo. Y por un lado extraño esa sensación de libertad absoluta, de ser impulsiva, de aventura, (que por suerte en esa época, siempre nos salió bien), y por otro, ahora como mamá repensando esas acciones y decisiones que tomé. Te replanteas todo. Por supuesto, no me arrepiento de nada, solo espero mi hija no haga lo mismo..

Por otro lado, soy "mi yo original", más jodona, relajada, extrovertida, espontanea, amiguera, mandada, mi yo actriz, mi yo viajera, mi yo escritora. La que estaba prácticamente todo el día de buen humor y divertida, que solo gritaba a algún extraño que alteraba la paz o reglas lógicas de convivencia.. Y esta gran parte de mí, ahora es como un demonio encerrado que por momentos dejo salir a jugar. Se mantiene latente, expectante, y a la vez un poco resentido de que no le dedique su tiempo, no lo deje salir más a menudo, no lo alimente. Siento que descuidé mi mente, mi tiempo personal, mi yo más mío. Y quiero recuperarlo. 

Quiero encontrar el balance justo, siendo la mejor mamá que pueda ser, seguir aprendiendo, compartiendo juntas, y a la vez sentirme YO MISMA, haciendo lo que me gusta, disfrutando mis momentos sin tanta culpa, tanta planificación, ni corridas.