Navidad, Navidad..ese aroma a pan dulce, vitel toné y chasquibum, y a tanto que ya no está; el matambre de la abuela, el perfume de la tia..tantas personas que se fueron, para muchos es una época plagada de recuerdo y melancolía.
Cada navidad, más allá de las creencias, todos celebramos la familia, la amistad; el amor en todas sus formas. Porque más allá de si nació o no Jesús, o si es solo una escusa para hacer regalos o una invención diabólica de las grandes corporaciones para ganar millones, creo que lo principal es la excusa de juntarse. De festejar, y compartir la comilona, el brindis, el juego y la magia que produce la idea de Papa Noel, para los más pequeños de la familia que aún creen en él ilusionados, y para los que tenemos el placer de ser parte de esa ilusión y por qué no, de jugar también.
El 24 a las 12, fui quién alertó a mis sobrinos de la llegada de Papa Noel. Grité que había visto algo, una sombra, una silueta que pasó rápidamente. Como somos del conurbano sur, parecía que había entrado un chorro en vez de Papa Noel. Mi sobrino Nachito, avanzó con miedo al comedor mientras me miraba con cara de "¡mejor anda vos primero"!. Pero su CARA cuando descubrió los regalos desbordando en la chimenea, era impagable, aunque sí, pagamos por esos regalos. Pero no importa si son muchos, pocos, uno, grande o chico, comprado, hecho en casa o algo simbólico, ese regalo tiene atrás una leyenda que traspasa a las familias de cada uno, que viaja desde el otro lado del océano ida y vuelta. Si lo pensamos la tradición de Papa Noel, (Santa Claus, San Nicolás, el viejo de la bolsa roja o como quieran llamarlo)..es una de las pocas que tenemos en común en casi todas partes del mundo y excede a la religión guste o no.
Por la noche buena preferimos que no me disfrazara, dado que Nachito, ya con 4 años está más avispado y pendiente de cada detalle, ¡se hubiera dado cuenta que era yo!. Y no me hubiera perdonado ser yo quién rompiera su ilusión. Como el 25, solo estaba mi sobrina que aún no cumplió los 2, tuve el placer de cumplir mi sueño y hacer el rol de Papa Noel. Fue sin dudas la peor actuación de mi vida, pero lejos el mejor papel. Posiblemente yo me divertí más que ella. No entendió muy bien que pasaba, y este Papa Noel sin ensayo previo salió con una leve tonada media tana, saltos de conejo y una cintura sospechosa. Parecía que se estuvo cuidando para esta navidad. Pero con más de 30 grados, corriendo por el jardín de casa con un traje de pana, yo me sentí realizada y feliz de vivir ese momento con y para ella, porque me recordó mi entusiasmo y la fantasía de cada noche buena. Porque para mi de eso se trata la navidad, esa sensación y nada más.

Y sí, me hubiera encantado que esté ahí la nona para vernos jugar y reír, para burlarse de mi acento, brindar con un vinito y sacarnos una foto todas abrazadas. Pero como dije una vez, hay navidad por y para los que ya no están, Porque celebramos por los que estamos y los que se fueron, por lo que nos dejaron, y que tanto amor continúe creciendo de generación en generación, que ese sea su legado.





