Tal vez volví al Sur a buscar algo, o más bien a recuperar algo; quizás lo mejor de mí quedó allá en algún rincón. Mi ilusión, mi sed por la aventura y el valor para arriesgarme, así también como mi juventud. Probablemente sea imposible volver el tiempo atrás para encontrar las cosas tal como eran y recuperar eso de nosotros que alguna vez dejamos atrás. Cada persona, cada lugar, cada situación es distinta y nos transforma. Pero siempre algo queda, algo podemos rescatar y reinventar.
No creo haber podido revertir el tiempo y hacerme más joven, incluso mi ilusión parece haber quedado muy bien escondida entre las cenizas de algún fogón. Pero sí sentí nuevamente la adrenalina y la valentía al dar el salto sobre el risco y lanzarme al lago helado solo para sentirme viva. Dicen que cuando se toca rápido el fuego no quema, pero les aseguro que el agua sí, arde y asfixia.
Sin embargo, así como la idea de conocer el infierno volvería aún más azul el cielo, ese frió intenso me dio el golpe de calor al alma que estaba buscando.
Todos necesitamos sentir emociones que nos descoloquen incluso cuando nuestra mente está de por sí descolocada. A veces el mejor modo para estar cuerdos es liberar la locura.
