En teatro, ENTRENAR significa el proceso de encontrar y registrar a nuestro propio actor, se trata de descubrir nuestra naturaleza y entender las trampas. Identificar nuestras dificultades, trabajarlas para aprender a usarlas a nuestro favor. Cómo potenciar nuestro instrumento, fortalecerlo, explorar, experimentar y transitar las distintas emociones a nuestra manera.
Entender que nos es funcional y que no, para ir incorporando recuerdos, ejercicios y cosas que nos sirvan de disparador para determinada emoción, acción o contexto que nos requiera una actuación.
Esto alude a su vez al método Lee Strasberg, con la intención de llegar a determinado estado (que si bien es ficticio) no resulte falseado, la idea dejarse afectar y construir una energía sincera. Lo cuál a su vez permite generar un repertorio de sensaciones en la memoria del cuerpo, para por ejemplo durante un casting tener la ductilidad de recrear y alcanzar el estado que se nos pide en tiempos acotados y sin preparación previa.
Esto alude a su vez al método Lee Strasberg, con la intención de llegar a determinado estado (que si bien es ficticio) no resulte falseado, la idea dejarse afectar y construir una energía sincera. Lo cuál a su vez permite generar un repertorio de sensaciones en la memoria del cuerpo, para por ejemplo durante un casting tener la ductilidad de recrear y alcanzar el estado que se nos pide en tiempos acotados y sin preparación previa.
La VULNERABILIDAD, es una virtud cuando se trata de actuar, tiene que ver con la disponibilidad emocional, con la sensibilidad del actor. A veces me resulta difícil, abrirme, exponerme a mi misma, por eso disfruto más de ser otros personajes, que los ejercicios y momentos que requieren contar algo real de mí, de mi propia experiencia e intimidad. Mientras para muchos de mis compañeros y probablemente la mayoría de los actores les resulta natural compartir sus experiencias personales, sus traumas, sus miedos, incluso sus miserias y llorar en medio de una clase. Lo cual es ideal para nutrirse de esos sentimientos y demonios propios, yo se que están, los tengo digeridos y me alimento de ellos, simplemente me cuesta sacarlos a relucir.
Cada clase de Teatro es un nuevo aprendizaje, una nueva oportunidad de experimentar, jugar y mostrarnos; de conocer y absorber herramientas y formas de otros actores, y conocer y dejar algo de nuestro propio actor, y a su vez conocernos mejor a nosotros mismos. Entre los distintos ejercicios y actividades, presentamos "miniaturas", es decir escenas muy breves donde nos dieron mínima letra y en base a eso debíamos armar la escena, resultando esta un fragmento de una historia previa que debíamos imaginar e intentar contar en minutos.
Cada intervención del Director, desde las pequeñas pautas de tiempos, las miradas hasta los detalles internos de los personajes modifican totalmente la escena. También se resalta el darle valor a un objeto, para dejar entre ver algo, destacarlo, pero no a todo. "Si todo es especial, nada es especial".
En una de nuestras clases surgió la pregunta; ¿Qué es la Teatralidad?. Entre muchas posibles e imposibles respuestas, surgió la idea de que lo que suele distinguirlo del cine, es lo que construye e imagina el propio espectador, el espacio, ambiente, incluso mobiliario y artefactos que no pueden ser reproducidos en el escenario.
Personalmente soy del TEATRO, del VIVO, del aquí y ahora. Del ensayo previo, para transitar las emociones del personaje en el momento, de digerirlas y hacerlas propias, del público activo, del aplauso. No obstante, toda experiencia hace a nuestro actor, nos brinda nuevas herramientas, miradas y conocimientos de este bello mundo de la actuación, tan variado.
Lo esencial es tener la capacidad de adueñarse de lo que sentimos y de lo que no, de identificar lo que nos pasa. Y ser honestos con nosotros mismos. De construirnos y de-construirnos en y fuera de escena.




