Este verano decidí profundizar sobre el Método Strasberg, técnica de la cuál surgieron y trabajan grandes figuras del cine internacional. Para intentar entender e incorporar cada vez un poco más del mismo así como también crear y obtener nuevo material audiovisual.
Para lo cual participé de un seminario super intensivo de Artemisa Producciones, nuevamente de la mano del Director Claudio Pérsico. Con una duración de solo 4 jornadas intensivas para la construcción de personaje sobre escenas y monólogos de “Mujeres Asesinas”, culminando en su rodaje.
Una de las escenas que más me atrajo al leer los guiones, fue la de Sonia y Camila; Sonia una psicópata que confunde a la secretaria de su marido con su amante, la secuestra y maltrata hasta matar. Ambos personajes eran interesantes para trabajar con sus distintas matices.
En general me suelen resultar más “fáciles” o cercanos, personajes fuertes, cínicos, los que tiene el control de la situación, los que atacan; puede que tenga que ver con mi carácter, mi gestualidad o con que me cuesta más mostrarme vulnerable, débil o quebrada en público.
Por eso, para desafiar a mi actriz, elegí construir a Camila. Abordando este personaje en estado de sumisión, para trabajar sobre el miedo, el dolor, la desesperación y angustia. Y poner mi instrumento en juego, incluso si significa encontrarme con mis propios límites o falencias, también es parte del aprendizaje.
Para entrar en personaje, el cual arranca la escena atada a una silla, el director me guió durante la entrada en calor; debía tratar de liberarme con fuerza y gritar por ayuda sin poder hablar (tenía la boca tapada con un pañuelo), sintiendo así en carne propia la incomodidad de estar atada, amordazada. Al encender la cámara esa desesperación ya estaba en el cuerpo, la sensación era real y eso hace que una escena esté viva.
El método Strasberg va por el TODO, a diferencia de su antecesor Stanislavski, rompe la cuarta pared e incorpora los estímulos; es decir lo que sucede y rodea al actor, lo sensorial. Sonidos, aromas, personas, luces, temperaturas, aunque no sean realmente parte de la escena, lo toma re-significándolos a su favor. Se trabajan los personajes sobre la base de su constitución física y sobre los aspectos psicológicos.
El método Strasberg va por el TODO, a diferencia de su antecesor Stanislavski, rompe la cuarta pared e incorpora los estímulos; es decir lo que sucede y rodea al actor, lo sensorial. Sonidos, aromas, personas, luces, temperaturas, aunque no sean realmente parte de la escena, lo toma re-significándolos a su favor. Se trabajan los personajes sobre la base de su constitución física y sobre los aspectos psicológicos.
Para el monólogo “El Quirófano”, donde interpreté a una Cirujana de guardia, que cuenta cómo asesinó a un paciente cuando descubrió que se trataba del violador de su hija de 5 años, al cual minutos antes había dejado todas sus fuerzas para lograr reanimarlo. El personaje transita distintos estadíos y emociones durante su relato, no requiere acción alguna, es su “máscara”, es decir la emocionalidad en su rostro la que debe transmitir.
Para que las acciones y emociones sean auténticas; es necesario preguntarme, encontrar, registrar: qué me motiva a mí? que me hace sentir así?..vivencias, imágenes, memoria sensorial que me lleven al estado o emoción que requiere el personaje. Algo que me motiva o emociona pero sin cruzar demasiado la puerta de las experiencias o traumas personales.
Una canción puede resultar un estímulo poderoso, una foto de una nena en una revista que me cause ternura y la cara de un tipo violento que salió en las noticias, sin poner en lugar de esa nena a un familiar o buscar una situación real, la hayamos vivido o no. Pero es necesario siempre poner cara a los personajes tácitos (esos que no están en escena). La idea es afectarse sin quedar afectado.







