Amo escribir y amo leerme..creo que es lo más egocéntrico que padezco. Sucede que entre quizás las pocas cosas que considero que hago bien, escribir sería una de ellas y no veo nada malo en aceptar en que somos buenos y disfrutarlo, así como también en que somos malos e intentar aprender tanto el poder mejorarlo o a reírse de uno mismo.
Por otro lado, todo escritor de algún u otro modo escribe sobre si mismo; sea directamente, planteado desde un lado personal como hago en este blog, o en poesía donde no realizamos un reflejo exacto de nosotros, si no que tomamos de manera consciente o inconsciente, emociones, situaciones y vivencias propias pero exacerbadas al mil quinientos.
El punto es que al leerme recuerdo momentos, instancias, sentimientos, algunos que quisiera revivir y otros que por suerte ya no están. Y entonces de alguna forma me reencuentro conmigo misma, me reconozco en distintas etapas y me conozco aún mejor al poder comparar el reflejo de aquello que alguna vez fui o sentí con quién siento y creo ser hoy. Y este confronta-miento sobre mi misma, de mi yo pasado con mi yo de "aquí y ahora" me ayudan a entender y superar viejas y nuevas incógnitas.
Hace poco un escritor dijo que "somos artesanos del lenguaje y la emoción"..y creo que a medida que construimos historias, mundos, palabras que se enredan y se desenredan, a su vez nos construimos a nosotros mismos. Dejamos certificado por escrito aquello que amamos, aquello que odiamos, lo que nos desvela, nuestros anhelos e incluso miedos más profundos aunque sea disfrazado en palabras ambiguas o emperifollado de metáforas e hipérboles que desgranadas pieza por pieza desnudan su verdad.


