Para terminar con el fin de semana artístico, presencié a la muestra de Redes Club de Circo, donde mi mejor amiga realiza acrobacia en telas. Alumnos de diferentes niveles de la escuela mostraban sus destrezas como cierre de año, telas, trapecio, arneses; demostrando su habilidad, esfuerzo y por sobre todo mucho entrenamiento. Era arte producida desde la expresión corporal.
Pero no solo fue un lindo show y como siempre el orgullo de ver a alguien que adoro haciendo algo que tanto disfruta y ver como cada año se vuelve más profesional. Si no, una vez más ¡sorpresa!, quién diría que luego de una muestra de circo nos iríamos a casa con una de las más fuertes y bellas lecciones de vida.
Una joven con movilidad reducida en silla de ruedas, ayudada por dos profesoras que la acercaban a la tela para que pudiera subirse y moverse un poco en ella. Emocionaba al borde de las lágrimas tanta fuerza de voluntad. Voluntad de vivir la vida y disfrutarla a su modo, desde sus posibilidades, pero sin dejar de probar algo distinto y hacerlo frente a un público.
Todos la aclamamos eufóricos, y no era lástima, para nada, era realmente un agradecimiento y orgullo porque esa chica nos dio una verdadera muestra de valor. De repente creo que, probablemente todos, sentimos lástima por nosotros mismos, por las pavadas que nos suelen preocupar o los obstáculos insignificantes que nos planteamos para todo. Cuando en realidad más allá de los resultados a veces el éxito está en tan solo animarse a intentarlo.


