18/4/10

ARGENTINA, un país mal hablado..

Acostumbrados siempre a lo peor, con esa maldita tendencia que nos caracteriza a convertir lo malo en normal nos dedicamos a desperdiciar nuestra cultura, porque eso es lo que hacemos, ¡DES PER DI CIAR LA!.

Entre uno de los tantos atributos de nuestro extenso y bello país, nuestra lengua se destaca entre una de las más (si no es la más) rica de todo el mundo. Cuantos habremos renegado a la hora de estudiarla por la cantidad de tiempos verbales, de sinónimos, antónimos, e incluso acepciones de una misma palabra, y como olvidar el sobrepeso que generaba el diccionario en nuestras mochilas.

Lamentablemente año tras año logramos disminuir nuestro vocabulario a la mínima cantidad de palabras posibles. Tampoco me atrevería a decir que seamos un país callado o de pocas palabras, más bien diría de cortas palabras, ¡de contenido pobre y muy mal hablado!.

Vivimos en la era de la tecnología en su esplendor. Internet sobrepasó los límites de todo aquello que creíamos que jamás seríamos capaces de realizar, nosotros simples mortales. Es comprensible que la velocidad con la que nos exigen movernos los permanentes avances tecnológicos, la necesidad de simplificación y los diferentes medios de comunicación cada vez más impersonales, que suponen acortar distancias (pero generan abismos entre las personas en cuanto a sentimientos y calidez humana), nos lleven a reducir nuestras palabras, generando un nuevo lenguaje basado en abreviaciones ya casi incoherentes. Y sí, se entiende que estemos algo apurados, pero ¿tanto como para no terminar de escribir un par más de letras?.

Digamos que no somos muchos quizás a los que nos apasiona la escritura como para detenerse en estas cuestiones. Pero entonces, ¿qué decimos cuando hablamos? Puedo aceptar (de hecho compartir) que abreviemos un par de palabras (aunque luego se vuelven párrafos enteros), que utilicemos algún que otro monosílabo pretendiendo darnos a entender, aunque ni siquiera nuestra madre pueda descifrarlo, que seamos tan poco originales de repetir siempre las mismas palabras y andar consolándonos con frases hechas de algún filósofo que apenas podemos recordar su nombre.

Lo que me indigna realmente es la cantidad de insultos que puede decir una persona en una sola oración. Pareciera que estas tienen la primacía en nuestro vocabulario, como si existiera un manual exclusivo para lo que podríamos llamar vulgarmente un “boca sucia”. Es sumamente triste que pudiendo expresarnos libremente con palabras lo hagamos para agredir o maldecir. Y de a poco lo vamos admitiendo. Y bueno ¡no es para tanto, si todos lo dicen!...

Pensar que de chiquita cuando escuchaba un insulto me tapaba la boca inmediatamente y con voz de sorprendida remarcaba que eso era una “mala palabra”. Si esa inocente costumbre siguiera vigente en mí, hoy en día andaría con mi mano tapándome la boca al menos la mitad del día mientras camino por la calle e incluso aveces debería remarcármelo a mi misma. Imagínense si de verdad tuviéramos que lavarnos la boca con jabón por decir una mala palabra..

No hay comentarios:

Publicar un comentario