¿Querés ser mi amiga? ¿Querés jugar conmigo? Cuando sos chiquito el mundo se reduce a las cosas más simples, de hecho todo parece más simple. Incluso las relaciones humanas. Hacerse amigos consta de la simple acción de tan solo preguntarlo. No hace falta ser de tal o cual modo para entenderse entre si o para encajar en grupo alguno. Solo hay que estar predispuesto a jugar y divertirse. ¿Que envidia no!?
Lo recuerdo casi como si fuera una ley "la amistad no se le niega a nadie". Conocerse no era acto previo ni necesario para establecer un vínculo. Se hacían amigos antes de siquiera saber el nombre del otro. Con el tiempo a medida de todo lo que compartían se iban conociendo entre sí. Lo que hacía dichas amistades aún más magnífico era que ninguno conocía de verdad el mundo. Era poco lo que habían vivido, estaban todavía en la etapa de conocerse a si mismos, de formar su personalidad, de aprender a vivir y a convivir. Pero para eso no basta con una ilustre enseñanza en la escuela ni los consejos de mamá y papá. La mejor forma de crecer y aprender es compartiendo aquel proceso con amigos. Porque todos se encuentran en la misma situación, en plena inocencia y asombro, para ellos todo es nuevo y cada nueva experiencia los va marcando, por eso no hay nada mejor que no estar solos en aquel camino lleno de emociones y miedos.
De hecho, no hay otra razón para la entrada en mi vida de una de las personas más increíbles que conocí y que desde los 5 años es aún hoy mi mejor amiga (a la cual siento que le debo mucho de lo que soy, de lo que disfruté, aprendí y soporté en todos estos años) más que aquella simple pregunta "infantil" que hoy nos resulta cómica e inaudita: ¿Querés ser mi amiga?
Fue esta misma amiga quién hace poco en una caminata por la plaza me dijo con un tono melancólico al mismo tiempo que se le escapaba una leve sonrisa, como si recordara el instante más feliz de su vida: "Es terrible como te das cuenta de que se terminó lo maravilloso de la vida cuando ves una hamaca y no te emociona". Al principió nos dominó la risa, tentadas por tal frase que parecía sacada de vaya a saber donde. Pero a los pocos segundos, ambas nos quedamos en silencio contemplando aquellos juegos precarios que antiguamente solían ser nuestro lugar preferido.
Cuando éramos chicos llorábamos por cualquier cosa. Sin embargo no se trataba sólo de un simple capricho. Lo que los "grandes" no veían era cuanto valor le dábamos a las cosas más pequeñas. También solía ser mucho más fácil sacarnos una sonrisa, perdonar y pedir perdón; con unas pocas palabras, una golosina, una sonrisa sincera y un pucherito cualquier catástrofe podía resolverse en cuestión de segundos. No había responsabilidades, ni obligaciones, ni frustraciones, ni desamores, ni desencantos. Los límites eran claros y concisos: ser bueno o ser malo.

Al final los más chicos con menos ideologías, estrategias, recursos y conocimiento son los que mejor se desenvuelven socialmente. Ahora no solo tenemos mucho en que pensar, que hacer, que discutir, que resolver..sino que eso no nos deja lugar para compartir, para reír, para ayudar, para disfrutar lo que tenemos porque vivimos pendientes de lo que vamos a tener (y tal vez nunca tengamos, o peor, no nos haga falta). Y lo peor de crecer es el darnos cuenta que somos diferentes, porque al parecer, por más triste que sea, eso complica todo aun más.

Qué lindo texto, Mariana! Sensible y riguroso al mismo tiempo. Yo, por ejemplo, que estoy arañando los 50, me di cuenta que estaba mayor cuando lo que dejó de emocionarme fue la Coca Cola, cuando empecé a preferir una buena copa de vino tinto antes que la espuma juvenil de la gaseosa.
ResponderEliminarMe gusta mucho tu blog.
Un beso grande.
Fe de erratas:
ResponderEliminarDonde dice: "me di cuenta que", debe leerse: "me di cuenta DE que". ¡Qué burra! ¡Con lo que les debo haber roto la paciencia con la regla del "de que"! jaja!
Otro saludo.
Cuan cierto es que a medida que pasa el tiempo los contrastes entre ayer y hoy se hacen mas fuertes.
ResponderEliminarLo bueno de este progreso, es que antes eran todos tus amigos.
Ahora, son tus amigos, lo que vos realmente querés tener ahí!
PD: Laura, me hizo reir tu comentario de la Coca! Nunca la voy dejar.
Marian te cuento que tu relato (aparte de encantarme) me hizo pensar que a muchos de nosotros nos ha pasado eso, pero tambièn hay muchos que aùn conservamos la capacidad de asombro, y quizà ya no està en el mismo lugar, pero sigue intacto, por ej. ya no me emociona esa hamaca, pero si me emocionò ver a mi hija gozando de ese momento, y luego me emocionarà ver a mi nieto gozar de ese momento repetido y sublime... Creo que esa es la vida, cambio y movimiento continuo, y que asi es tambièn la amistad, cambio, evoluciòn y entrega diaria, ya que yo tambièn conservo a mi amiga de los 14 años y hoy dìa sabemos que siempre contamos una con la otra...
ResponderEliminarBueno, Marian, me encantò tu relato y tu profundidad, ya que lo que decis lo hemos vivido... venimos de ese lugar, como dirìan...
Besotessssss