Apareciste en nuestro colegio en el
momento justo. Mi único contacto con la música era escucharla y pretendía
mantenerlo así. Por suerte ya no era obligatorio cursar las tres materias de
arte, ya que de haberlo sido habría padecido el ni siquiera saber lo que era un
acorde y quizás no me hubieras caído tan bien. Tendría unos 15 años cuando te
conocí. Estaba en mi peor etapa, de hecho todo el curso lo estaba. Eran épocas
de rebeldía e incomprensión. Esos momentos en los que discutía hasta con mi
reflejo y mi peor enemigo era mi papá. Te designaron como tutor de mi grupo.
Para mi no eras más que el profe de música de mis amigos. Pero ahí estabas cada
mañana en la clase tomándonos lista e informándonos las novedades escolares.
Seguramente por ser el primer profesor que tenía que ver al llegar al colegio,
tan temprano, medio dormida, de malhumor e histérica como de costumbre en aquel
momento fue que no simpatizamos al principio. Lo primero que hacías era
preguntarnos como estábamos, como estaban nuestras cosas y por alguna extraña razón
tu buena onda me irritaba más. Pasaron días y días en los que creí que "no
te toleraba", pero a la que no toleraba en realidad creo que era a mi. Al
poco tiempo me di cuenta que eras demasiado buena onda y no se bien como fue, simplemente pasó y te convertiste en una de mis personas preferidas en el
colegio. Así de pronto, me di cuenta que tu buena onda era lo que me daba la
confianza para descargarme en vos. Y con tu insistente interrogatorio y
sarcasmo mañanero lograste que en vez de descargarme con vos pudiera
compartirlo.
Puede que no hayamos compartido tanto
como el sentimiento que le trasmitiste a los que te siguieron en el camino
musical. Pero hoy mientras leía la triste noticia en el facebook de un amigo,
sus palabras me llevaron a esos recuerdos y al darme cuenta como uno a veces no
tiene idea del valor de las cosas en el momento hasta que un día se da cuenta
de cuanto significaron. No recuerdo tanto de lo que hablamos, pero sí que pude
contar con vos cuando llegaba alterada por otra pelea con mi viejo, cuando
sentí que perdía la confianza en mi misma y cuando me equivoqué con los demás.
Sin dudas, me ayudaste, de hecho nos ayudaste a todos a reencontrarnos con
nosotros mismos, a no ser tan prejuiciosos y a confiar más. Porque como dijo
Willy, "tu oficina eterno
refugio de mentes rebeldes.... que más decirte querido que
hasta siempre y que el que te conoce o en algún momento tuvo el placer de
hacerlo sabe lo que LAPO
significa".
Y aunque no te tuve como profesor
terminaste siendo mi maestro.


No hay comentarios:
Publicar un comentario