Hoy me senté a leer y tomar mates
en el pasto del parque de mi casa, la verdad ni recuerdo cuando fue la última
vez que me senté en el pasto. Fue un lindo momento, casi me atrevería a decir
que un placer, uno de esos placeres tan cotidianos que dejamos de apreciar.
Literalmente me sirvió de cable a tierra. Hace mucho no me sentía en paz y tan
“en casa”. Está bueno desconectarse un poco de todo y sobretodo de la
tecnología. Porque vivimos de la compu al televisor, y del televisor a la
compu, por eso nunca terminamos de estar realmente en casa, porque estamos
físicamente pero desconectados en el interior. Mientras que cualquier lugar que
tenga televisión y una computadora comienza a dar igual. Y en esa tranquilidad
conmigo misma y la naturaleza aproveché para hacer una auto reflexión, a través
de la cuál llegue a conclusiones tan esclarecedoras como inconclusas.
Algunas cosas cambian tanto que
nos asuntan, otras parece que nunca van a cambiar. Y lo único que de verdad
pasa es el tiempo, la vida, tan velozmente que parece que se nos va. El dolor
queda, los recuerdos se instalan para siempre en nuestra memoria, y están más
arraigados a ella que lo que vivimos acá y ahora. Nos acompañan todos los días
y cada vez nos cuesta más dejarlos ir. Son lo más intacto que tenemos, lo más
puro, lo único que el tiempo no puede alterar y sin embargo, así como son los
recuerdos lo que nos hacen ser quien somos hoy, parecen tan ajenos por su
lejanía. Quizás sea porque vivo en parte en el recuerdo que a veces no siento
nada, nada me afecta, nada me llega, y otras veces siento mucho más de lo que
quisiera sentir.
Por momentos nada tiene sentido
quisiera simplemente echarme a dormir hasta que se pase por completo, y
levantarme en otra era, en otro lugar. Y son situaciones digamos “extremas”,
“fuertes” de esas que te alteran provocando miedo y adrenalina las que me
golpean el alma y me despiertan para hacerme sentir viva. Está claro que no se
manejar algunas cosas. Entre ellas, que nunca aprendí a lidiar con el dolor, tal vez porque
siempre que pasó algo malo ya lo esperaba de antemano, y lo peor se da cuando
uno no lo ve venir. Pero a pesar de todo hay personas, cosas, situaciones que
al menos me dejan tranquila que algo debo haber hecho bien, que no todo está
perdido. Y ahí vuelve la traviesa ilusión, casi tan efímera como el amor. Todo
viene y se va, nada desaparece por completo ni tampoco se queda para siempre..

Los cristales y puñales
ResponderEliminarson señales, son caminos
que tal vez hay que pasar...
Cuando todo se atropelle,
ResponderEliminarcuando la vida se calle y la muerte
juegue al juego del disfraz,
sólo la sed y la ilusión van a quedar..