A veces creo que para ser
buen escritor hay que estar roto por dentro. Escribir desde el dolor, desde la
bronca, desde la vergüenza más pura, y sacar nuestros instintos más profundos
al desnudo..siempre con la elegancia y protección de las palabras embellecidas
en metáforas y simbologías que con el tiempo hasta nosotros les perdemos el
sentido.
A medida que crecí aprendí a
nutrirme de mis propios demonios..a no dejarlos ir, a envolverlos en una
cápsula engomada donde puedan resbalar tranquilos sin molestarme, pero sin
perder esa bizarra esencia que nos hace sentir distintos, afectados pero
conscientes, vivos.
A veces no necesito NADA, y a veces necesito TODO.
Creo en parte que eso refleja mi modo de actuar en la vida, en el escenario,
mi forma de escribir en papel y mi propia historia. Soy TODO y NADA, en
constante cambio y al mismo tiempo, siempre la misma.
No todo lo que creemos que está bien
necesariamente está bien, ni lo que creemos que está mal, está mal. Vivimos en
un mundo atravesado por la cultura, signos, símbolos, imposiciones sociales tan
inmersas que incluso cuando creemos ser liberales y revolucionarios, quizás
solo respondemos a las reglas de un universo paralelo. La originalidad es un
lujo que pocos se pueden dar.
Lo que hago y lo que escribo, habla
más de mí que yo misma. Por eso siempre al releerme me rencuentro conmigo. Todos somos un cúmulo de experiencias; familia, amistades, relaciones,
estudios, actividades, logros y fracasos, que nos van formando y hacen quienes
somos; únicos con nuestras buenas y malas.


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