Verona..desde
arriba del escenario, de ahí la viví cada viernes desde el estreno, en la carne
de uno de sus personajes y a la vez por supuesto, en hueso propia.
Verona, comenzó con dos instancias de Casting; donde puse el instrumento a
disposición, jugué, me divertí y las aproveché como aprendizaje, porque de eso
se trata. Pero también me fui de cada uno ansiosa y con expectativa, esperando
ese llamado que ¡finalmente llegó!. Y fue una bella casualidad participar
de la última instancia de audición en dupla con la talentosa Evelyn Rotemberg,
sin saber que compartiríamos las tablas como hermanas.
Al poco tiempo de enterarme que había quedado, realicé un viaje soñado durante
tres semanas, donde con la responsabilidad de a mi vuelta comenzar con los
ensayos con la letra estudiada, el libreto viajó por Europa en aviones, trenes,
colectivos.
Hoy recuerdo el año pasado cuando interpreté esta misma obra pero como muestra
final de Actuartestudio de la mano de mi amiga, actriz y profe Martina Zalazar,
y me tocó ser CRUZ. Pero tuve que dejarla atrás para afrontar este hermoso
desafío de construir ahora a ACHU, otra de sus hermanas, con una personalidad y
tonalidad totalmente distinta. A su vez, un placer compartir tablas con
Guada Ferraro quién representa a una Cruz con sus colores y luz propia. Y
darnos cuenta de lo especial de la impronta que cada actor le da incluso a un
mismo personaje, para disfrutar y nutrirse de ello.
Armar una obra no solo requiere mucho entrenamiento
y ensayo, también todo lo que hace a la puesta en escena. Desde el primer paso
de aprenderse la letra hasta los ensayos generales de iluminación. Para definir
el vestuario hay que probar opciones, es parte de la construcción de cada
personaje y a la vez la tonalidad que los vincula.
Y ya hace un mes que estrenamos a sala llena, con esos lindos nervios y euforia
de la primera función. Y cada función es única y tiene una energía diferente.
Porque el teatro es "aquí y ahora", lo que nos
sucede en ese preciso momento, al personaje y al actor que lo interpreta. Y a su vez la respuesta del público, en especial su risa nos alimenta.
De cada función seguimos aprendiendo y evolucionando, siendo conscientes de
aquellas cosas que sumamos y nos gustaron, y aquellas que siempre hay para
mejorar, porque el teatro te da la posibilidad de jugar, equivocarte y seguir
sorprendiéndote aunque la obra se repita infinitamente. Y luego de cada función
en el camarín terminamos con nuestra devolución personal y como equipo, para
seguir compartiendo y creciendo sobre esta experiencia.
Siempre
amé los camarines, tanto la previa como el post. Esa instancia de adrenalina
grupal mientras nos preparamos para salir a escena, y el festejo, los abrazos y
risas después de los aplausos es una energía contagiosa. El espejo del camarín
no tiene aumento ni es mágico, pero multiplica las emociones. Ahí adentro
se genera un vínculo de hermandad que quizás sea solo momentáneo sin importar
el tiempo de conocernos, es el esfuerzo de los ensayos transitado y la
felicidad e intensidad de cada función compartida.
Y
lo mejor es cuando salís de cada función, el aplauso del público y encontrarte
con amigos y familia esperándote con un abrazo y listos para ir a celebrar,
porque ellos saben cuanto amas lo que haces y el esfuerzo dedicado. Y ni hablar que la autora de estas comedias, la mismísima Claudia Piñeiro nos haya visto la función pasada y la haya disfrutado. ¡GRACIAS
POR VENIR, GRACIAS POR ESTAR!.
¡Y a los que aún no vinieron los esperamos los
viernes de agosto a las 20hs en el Teatro Bar
Jufre (Jufré 444, CABA), con Cuanto Vale una Heladera y Verona! Dos
comedias de la escritora Claudia Piñero en una. ¡Resvera YA tus entradas!,
dale que quedan solo 3 funciones:

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